Apr232009

“LA APUESTA” Maca y Esther

A la hora prevista, los coches ya estaban en la puerta de la mansión dispuestos a llevar a la familia al completo al lugar de reunión. En el primero ya estaba subida Rosario que no podía evitar mostrarse algo nerviosa, después del incidente de la comida, no había podido hablar con Maca. En el segundo coche ya estaban montados Jero y su mujer, que llevaba un vestido estampado en colores vivos y un fular que rodeaba sus hombros, por muy guapa que era, por mucho que lo intentara, no podía hacer sombra a su cuñada

Jero: A ver como nos sorprende mi hermanita

Diana: Yo creo que ha sido un error hacerla venir, seguro que arma algún revuelo

Jero: No entiendo porque mi madre se ha empeñado en que venga y dar la visión de la familia perfecta, cuando todo el mundo sabe que no es verdad, lo único que hace es avergonzarnos

Diana: Sí cariño

Fuera de si, con los nervios a flor de piel se encontraba Rocío llamando a voz en grito a su hermana

Rocío: Nos vamos a llevar una buena reprimenda de papá y esta vez con razón Maca, ¡quieres hacer el favor de bajar ya!

M: Ya voy (se oyó su voz desde lo alto)

Rocío: Ya voy… ya voy… (repitió imitando el tono de su hermana pero con cierto rintintín. Levantó la mirada y cuando la vio bajar de manera descuidada como si no fuera con ella tanta belleza silbó y le dijo) Caray hermanita, ¡qué tiemblen todas las mujeres de la fiesta!, estás impresionante

M: Pelota (le dijo sin más) ¿Nos vamos?

Rocío: Tendrás morro después de todo lo que llevo esperado por ti

M: Vamos a esa maldita fiesta (dijo con voz triunfantemente triste)

Al salir su padre se percató de la belleza que guardaban sus hijas, sin duda, habían salido a su madre pensó. Sin decirles nada entró en el coche y se estiró su traje perfectamente planchado

Rosario: Espero que todo salga bien

Pedro: Yo también (le cogió la mano) Estoy orgulloso de ellos, tenemos tres hijos de los que podemos presumir

Rosario: Al menos en eso si cuentas a Macarena

Pedro: Lo que daría porque volviera a ella la sensatez

 

Maca iba en el coche pensativa, su hermana estaba contándole sus últimos escarceos con uno de los vendimiadores llegados de Marruecos, ella, lejos de escuchar todo cuanto tantas veces había escuchado ya, se entregó a una sensación extraña que se había adueñado de todo su interior, se miró las manos vacías de joyas, miró las de su hermana con dos buenos pedruscos como ella les decía, miró a su hermana, tan joven y vestida como si fuera una señora de la alta sociedad, se miró ella, vestida como si fuera una joven loca, sin más pretensión de que pasaran las horas lo más rápido posible. Lo único que calmaba sus nervios y su mal humor, era saber que iba a contar con la presencia de su inestimable amiga de la niñez, Ana

 

Conforme iban bajando de los coches, les esperaba una alfombra roja por donde debían pasar hasta el recinto decorado exquisitamente por la Señora Wilson, que les adentraba a aquel mundo de hipocresía y lisonjero, a un mundo en el que Maca ni tenía ni quería tener cabida. Su mirada recorrió rápidamente el salón, allí todos los grandes amigos de papá, algunos políticos, y de los mejores empresarios del lugar. Notó como algunos giraban su cabeza para observarla, sabía que era la comidilla del lugar pero no le importaba, todo porque era incapaz de pensar que la miraban porque estaba espectacular. Un vestido ceñido a su torso de color negro, un escote que llegaba justamente hasta el estómago, y tanto sus tirantes como el borde del mismo eran de punto de gancho blanco, así como los bordes de la falda amplia y acampanada que le hacía una figura todavía más esbelta. Sus zapatos negros de tacón con una fina correa atada al tobillo, y un collar largo que terminaba justo bajo el vientre. Y su melena, libre al viento con su raya al lado, y dejada caer a ambos lados de la cara como si fueran dos cascadas a ambos lados de la misma. Como a ella le gustaba, el maquillaje era suave y todo hacia que su belleza natural fuera mucho más espectacular

Jero: Te has pasado (le murmuró su hermano acercándose a ella una vez entraron)

M: Jero, vete a la mierda hazme ese favor (entonces vio como Ana la saludaba desde una esquina, se alegró tanto de verla que no dudó en dejar a su hermano con la palabra en la boca y se dirigió hasta su amiga) ¡Ana! (se abrazaron)

Ana: No me achuches mucho que una tiene su reputación

M: No cambias nunca… por eso creo que te aguanto porque eres única

Ana: ¡Toma por eso te aguanto yo a ti!, ¿o qué?

Rosario: Hola Ana (la saludó un tanto perpleja al verla)

M: ¡Ah mamá se me ha olvidado comentarte que he invitado a Ana! (la mirada casi asesina de su madre se clavó en aquella belleza de hija que tenía, pero sin duda para ella tan inconsciente como bella)

Rosario: Bueno… no pasa nada ya veremos donde te ubicamos en la cena. Perdonarme

Ana: Ubicarme… ¡joder! ni que fuera un mueble, pero Maca me dices que venga y a mamá Wilson no le dices nada ¡estás loca!

M: Pues sí, ¿algún problema? (la miró de aquella manera tan intensa con la que sus ojos sabían mirar)

Ana: Nada, no pasa nada (le sonrió)

M: Creía… oye cuanta gente (dijo echando un vistazo al lugar)

Ana: ¡Cuánto pijo!, me da grima (puso gesto de escalofrío)

M: Y a mí (contestó mirando alrededor)

Ambas amigas soltaron una gran carcajada y se perdieron entre la gente a un lugar apartado donde poder hablar tranquilamente como les gustaba hacer

 

En la cocina del lugar, todo era puro nerviosismo, todo era un ir y venir Esther se defendía de la mejor manera posible, si antes todo eran nervios, desde que Teresa les dio la orden de empezar con su trabajo, la calma se apoderó de ella, algo que fue captado por su jefa que parecía más relajada al ver que se desenvolvía perfectamente

T: ¿Qué tal vas?

E: Bien, gracias (le sonrió una de las veces que entró a por una nueva bandeja)

T: Mucho hipócrita ¿verdad?

E: En mi vida había visto tanto poder junto

T: Sí hija sí, ellos tanto y nosotras tan poco (sonrió dando más tranquilidad a la nueva camarera)

E: Voy allá, me toca el Ala Este ahora (dijo después de mirar su chuleta)

T: De acuerdo, déjame ver… (se asomó por la pequeña ventana que tenía en la puerta de salida para controlar todo cuanto pasaba fuera para que nada pudiera fallar) ¡Bien, ese Ala no tiene demasiado problema!, ¡espera! (le dijo de repente)

E: ¿Qué pasa? (la miró un tanto intranquila por su grito

T: ¡Dios está Maca!, quiero decir la joven Wilson está ahí, bueno… ten cuidado solo eso

E: ¿Quién es? (quiso mirar pero su corta estatura no le daba para llegar a la ventana)

T: Ya la distinguirás… es hermosa mucho aunque te digo una cosa…

En ese momento un camarero reclamó la presencia de Teresa que se tuvo que marchar y dejó con la intriga a Esther sobre que pasa con aquella mujer

 

En aquella mesa un tanto apartada se habían sentado las dos amigas, Maca sabía que su madre la requeriría en cualquier momento y quería tener controlado al menos su lado de amistad con aquella mujer alta, morena de pelo largo, con rasgos duros en su rostro pero con un corazón tan grande y hermoso, que con la sonrisa borraba todo cuanto pudiera aparecer en ella de dureza. Se conocieron en el colegio y aunque sus padres tenían tanto poder como los Wilson, dejaron a su hija elegir el camino para su vida, aquello siempre hizo que Maca la envidiara sanamente y cuando eran pequeñas, le pedía a Dios que le cambiara a sus padres por aquellos otros que se mostraban menos estrictos con su hija

Ana: Bueno… ¿qué tal en el hospital?, vamos a ponernos un poco serias o mamá Wilson nos echara

M: Sí (sonrió tratando de calmar sus carcajadas) Pues bien gracias a Dios todo bien, es mi vida Ana… de verdad… es un mundo tan apasionante

Ana: Me alegro. ¿Y de ligues? (eso sí, era tan directa que Maca no se acostumbraba a sus preguntas sin respeto)

M: Nada

Ana: ¿Nada? (le preguntó incorporándose sobre los codos en la mesa mientras la miraba incrédula. Maca negó con su cabeza contrayendo sus labios) Eso no puede ser… año y…

M: Un año… dos meses y seis días

Ana: Pobre de la que pilles… la vas a dejar en los huesos

M: ¡Pero qué bruta eres!, no estoy necesitada que lo sepas

Ana: Ya (asintió sonriendo) Eso cuéntaselo a otra pequeña

M: Pues sí, una se acostumbra a todo

Ana: Me apuesto una cena en la casa de la Tía Fernanda (le decía a modo de confesión y reto mirándola con los ojos entrecerrados)

M: ¡Dios la Tía Fernanda! (le cortó murmurando poniendo gesto de éxtasis al recordar aquellas comidas caseras que les hacía) ¿A ver que te apuestas?

E: Perdón… ¿desean una copa?

M: Sí creo que sí (levantó su mirada y se encontró con la sonrisa maravillosa y amable de Esther

Ana: Yo también que hay noticias hija que a una la dejan seca. Gracias

M: Gracias (le inclinó la cabeza graciosamente y Esther le sonrió. Maca la vio perderse entre la multitud de gente con su andar gracioso)

Ana: Hola (le dijo Ana)

M: ¿Qué? (la miró dando un sorbo a su copa)

Ana: Me apuesto lo que quieras a que no te acuestas con ella (le dijo de carrerilla con un gesto repleto de pillería)

M: ¿Estás poniendo en duda mis encantos? (la miró desafiante)

Ana: Parece que te haya gustado

M: ¿Quién, la camarera?

Ana: No, mi abuela ¡no te jode! (Maca rompió en una gran carcajada) Déjalo anda, tú no eres de esa clase de mujeres (la picó

M: ¿Una cena en casa de la Tía Fernanda y un desayuno en los Caminos? (eran los lugares favoritos que les gustaba acudir, en la parte más modesta de Jerez pero donde les encantaba compartir momentos. Maca la miraba fijamente con su ceja derecha enarcada de manera desafiante

Ana: ¿Por acostarte con ella?, no (le hizo un ademán gracioso con su mano) Tú odias eso… dices que es una actitud típica de macho

M: ¿Aceptas?

Ana: Vaya juegas fuerte (sonrió de lado mirándola retadora)

M:

Ana: ¿Te ha gustado?

M: Digamos que es una manera de pasar el tiempo en este horrible lugar… además tienes razón, un año dos meses y seis días son muchos días y muchas noches, ¿no crees?

Ana: ¡Pero con la camarera! (exclamó haciendo un gesto escandaloso)

Rosario: Hija, tienes que acompañarme un momento, voy a presentarte a unos compañeros de tu padre que me preguntan por ti

M: Voy mamá. Pon hora tope

Rosario: ¿De que hablas? (las miraba sin entender nada)

Ana: Como la Cenicienta… las doce de la noche

Rosario: Estáis locas, venga Macarena por favor

M: No me llames Macarena mamá (protestó)

Rosario: Haz el favor

M: Si antes lo he logrado, pagas tú, si no lo logro, pago yo

Ana: Eso está hecho nena. Estaré vigilando para que no me hagas trampas

Rosario: ¡Maca vale ya de juegos! Siempre estáis igual como si fuerais dos niñas malcriadas (salieron pero en lugar de encaminarse hasta el corro donde estaban los hombres fueron directamente a hablar con Teresa) Me pones en unos apuros. ¡De verdad Maca!

M: Vamos mamá…

Rosario: Teresa (la llamó pues la mujer estaba de espaldas a ella al girarse y ver a Maca delante abrió los ojos impactada

T: Hola Señora Wilson, señorita (le inclinó la cabeza un tanto)

M: Hola Teresa (le devolvió la inclinación pero añadiendo una sonrisa juguetona)

T: ¿Ocurre algo? (trató de centrarse en la señora Wilson porque la notaba nerviosa)

Rosario: Pues sí, mira Teresa tenemos un invitado más y no lo sabía (la mujer con discreción miró a Maca que volvió a sonreír)

T: No se preocupe…

Rosario: Se trata de una amiga de mi hija Macarena (Teresa volvió a mirar a la joven seriamente con un tanto de riña en sus ojos saltones)

M: Sí, es una buena amiga y quiero que la ponga a mi lado

T: Como no. ¡Esther! (llamó a la joven que pasaba en ese momento por allí)

Rosario: Vamos hija

M: Espera quiero ver como resuelve el entuerto que te he creado, ¿tú no? (le preguntó a su madre mientras miraba de reojo a Esther)

T:Quiero que en la mesa principal hagas un hueco entre la silla de la Señorita Wilson y su hermana

 

CONTINUARÁ…

Mar252009

“LA APUESTA” Maca y Esther

Mientras en la grandiosa sala del hotel más importante de la ciudad, se estaba preparando todo al mínimo detalle, las mesas, las sillas con una gran lazada azul detrás, los manteles de un blanco exquisito, las cortinas recogidas a los lados, con visillos blancos como si fueran nubes algodonosas sobre el bello cielo andaluz, pero ante todo, estaban todos los trabajadores que por la noche iban a ser los encargados de servir las bebidas, los canapés y demás. La jefa de cocina Teresa se llamaba, llevaba en su mano una carpeta y en la otra un bolígrafo donde apuntaba los últimos datos que le estaba diciendo el encargado. Para cuando llegó Pedro todos estaban uniformados de gala, todos bien puestos en línea para que el hombre pudiera comprobar que eran eficaces y sin ningún tipo de dudas los mejores camareros y camareras de la ciudad

Pedro: Por favor Teresa me gustaría que todo saliera bien…

T: Tranquilo Señor Wilson, sabe que nuestra gente es la más eficiente en estos eventos (le decía con las gafas en una mano y aguantándolas al aire) No debe preocuparse de nada. ¿La señora Wilson no va a venir?

Pedro: No, llega mi hija de Madrid y quería estar con ella (le contestó de manera distraída mientras miraba a todas las camareras)

T: ¿Hay algún problema? (preguntó sabiendo el motivo de aquella mirada)

Pedro: ¿Por qué lo dice?

T: Le veo mirar a las camareras de una manera un tanto molesta, ¿hay alguna que le cree duda sobre algo?

Pedro: No, no, simple curiosidad

T: (”Ya, éste lo que está mirando es que si viene su hija la lesbiana no se me enrede con alguna, lo tengo clarísimo, vamos, tan claro como el agua y como que me llaman Teresa. Pobre Maca” dijo para sus adentros) Pues en ese caso mi gente va a preparar todo lo que nos falta

Pedro: De acuerdo y gracias

 

En casa Maca se había ido directamente a la ducha, se había puesto unos vaqueros cómodos y una vieja camisa, pues era mediados de Abril y el tiempo era agradable, se había dejado llevar hasta el establo y después de saludar a los caballos, se había marchado a aquella pequeña cabaña suya donde tantos recuerdos le llegaron innatos. Uno de ellos, el último sobre Azucena, allí se habían amado a escondidas, habían hecho verdaderas locuras y aquella cabaña por mucho que la buena de Raquel limpiara, siempre tenía su perfume, sintió un escalofrío porque aunque había pasado un año, seguía sintiendo en su piel y en su corazón la herida que ésta le había dejado en forma de legado por amarla tanto

Maca entraba en su casa, Azucena no había dejado a su marido pero como éste era representante con la excusa de que le daba miedo quedarse sola en casa con sus largas ausencias, se iba con su hijo a casa de su mejor amiga. Así llevaban su relación y aunque muchas veces le había asegurado que lo iba a dejar, nunca se había atrevido a hacerlo. Le llevaba un ramo de rosas porque no se encontraba bien, tenían que ir a una comida y tuvo que ser Maca la que fuera sola, pero no quiso ir a por el pequeño sin antes ver a la mujer que le tenía robado el corazón, darle unos cuantos mimos, y hacer que se tomara el caldito que le había preparado con sumo cariño. Al llegar, no quiso hacer ruido por si dormía, entraba con su sonrisa amplia y maravillosa, con su melena lacia libre al viento, con el ramo en una mano y sin saberlo, con algo sobre la cabeza que reconoció al segundo. Abrió la puerta justo en el momento en que Azucena explotaba en un grito de pasión, un orgasmo brutal que la hacía temblar entre los brazos de aquella otra mujer. Maca no dijo nada, se había quedado tan petrificada que no podía reaccionar, sin saber porque aguantó allí viendo aquella escena oyendo aquellas palabras sin pronunciar ella ni una sola y sin que la pareja se diera cuenta de su presenciaVolver a recordar aquella traición, volvió a hacerle daño, se había sentado justo al lado de la ventana que le dejaba ver toda la extensión de tierra que poseía su padre, aquello a lo que ella no estaba unida, más que por el sentimiento íntimo que entre ella y cuanto le rodeaba habían creado como vínculo, ante tantas noches solitarias, tantos paseos entre lágrimas, y allí, donde sus mayores secretos los había regalado al viento que movía las hojas, al cielo que iluminaba su corazón, sintió temblar nuevamente todo su interior, nadie en su familia era capaz de entenderla, ella no lo pretendía sabía que les había hecho daño, pero tan solo pedía respeto, el mismo que ella daba a los demás

 

Salió de su ensimismamiento porque sonó su móvil, en la pantalla reflejado el nombre de Ana y una fotografía del Pitufo Gruñón, al que le recordaba y así era como ella le llamaba, le hacían siempre sonreír. Fue quien estuvo a su lado, cuando le dio el bajón, cuando se plantó en su casa sin decirle nada desde Madrid a Sevilla en moto, fue quien la aguantó sus lágrimas, su cabreo, sus malas formas, fue quien la recogió una noche de tormenta de un bar de ambiente completamente borracha para que nadie pudiera ver a la hija de los Wilson transformada en una piltrafa. Era su mejor y única amiga, a la que no podía engañar

Ana: Hola Bicho… ¿ya estás en la ventana?

M: Creo que tienes cámaras que me vigilan (esbozó una pequeña sonrisa)

Ana: Vamos, vamos, ¿cuánto ha tardado mamá Wilson en echarte la bronca?

M: Exactamente minuto y medio

Ana: ¡Uf record! (exclamó de manera burlona)

M: No me río

Ana: Pues no sé porque, es para mondarse que con treinta y tantos años, tengas que estar mal por los comentarios de mama Wilson, es de pena

M: Pues sí, y lo peor está por llegar

Ana: Papá Wilson

M: Sí (susurró mientras encontró un calcetín) Acabo de encontrar un calcetín de Azucena

Ana: ¡Dios mío no!, ¡rápido, rápido desinféctate las manos!, vamos huye sal de ahí y despide de inmediato a Raquel ¿qué manera es esa de limpiar dejando restos de la peste? (oía como Maca reía a carcajada limpia y eso la tranquilizaba) Eso está mejor

M: Oye, sé que vienes ¿verdad?

Ana: ¿Adónde?

M: A la fiesta

Ana: Déjame mirar mi agenda, a ver… a ver… nop, no tengo ninguna cita que ponga fiesta Wilson

M: Pues apúntala ya

Ana: Cariño… yo no voy que tu madre me tiene entre ceja y ceja

M: Pero eso es porque eres su esteticista

Ana: ¡Ah, es verdad! (nuevamente la carcajada de Maca le hizo sonreír a ella) Pero no me han invitado, no debo hacerlo demasiado bien…

M: Lo estoy haciendo yo

Ana: ¿Me estás diciendo que te vas a pasar por el forro lo que tus papis Wilson ambos dos, digan?

M: Exacto, ya que me obligan a ir a esa barbaridad de fiesta, al menos que pueda hablar con alguien

Ana: ¿Hablar? (repitió)

M: Eso he dicho

Ana: ¿Y de qué?

M: Pues no sé… de cómo te va, de mi trabajo…

Ana: ¿De Azuperra?

M: Ana (le riñó con una sonrisa en sus labios) No, prometo no hablarte de ella

Ana: ¿Tienes la Biblia a mano?

M: Ahora mismo no, pero vamos, me pongo la mano en…

Ana: ¡Calla, calla! (exclamó fuera de sí)

M: Pero serás guarra, iba a decir sobre el corazón

Ana: Ya, venga va que nos conocemos y me quieres tirar de la lengua

M: Oye Ana me está entrando una llamada, debe ser mamá Wilson

Ana: Vale me abro, quiero decir me voy…

M: Idiota

Ana: ¡Hija no es fácil hablar con una amiga lesbiana!, todo parece que hace referencia a…

M: Te dejo (le cortó sonriente)

Como le había dicho era su madre, tenía que acudir a la casa pues su padre ya había llegado, otra nueva bronca, ¿a qué has venido? ¿para pasarte el rato en esa maldita cabaña?; nuevo reproche, nuevo dardo

Al llegar, besó a su padre de manera fría, se sentaron en el comedor, la mesa estaba lista para compartir la comida familiar, allí había llegado Jero con su mujer, Diana, a la que saludó sin mucha efusividad, su hermana, y sus padres. Una vez tomó asiento su padre fue el primero en hablar

Pedro: ¿Qué tal te va el trabajo?

M: Muy bien

Pedro: Claro (asintió)

M: ¿Claro qué? (no pudo callarse ni aún por la mirada de su hermana que le recomendó silencio)

Pedro: Que aunque te vaya mal no vas a decirlo, has desobedecido nuestras recomendaciones de trabajar en un privado, para irte con la chusma

M: Pues sí, es que la chusma es mucho mejor que la alta sociedad (la mirada fulminante de su padre, le hizo agachar la suya y probar el gazpacho)

Pedro: Espero que esta noche no tengamos ningún problema, todos sabéis que es importante y sabéis que de ahí puedo sacar una buena tajada, espero que todos (recalcó la palabras mientras Rocío daba una patada a su hermana para que se callara), sepáis estar a la altura. A las ocho tenemos que estar allí, he encargado tres coches que os llevaran, Rosario tú conmigo, Jero lo he dispuesto para que Diana y tú vayáis juntos y vosotras dos en otra

Rocío: Muy bien papá

Pedro: Espero vuestra colaboración (nuevamente la mirada repleta de reproche se detuvo en Maca)

M: A la primera lo he entendido (le contestó sin cortarse) Te prometo que no violaré a ninguna de las damas de alta sociedad, claro, a menos que ellas me lo pidan (echó la servilleta sobre la mesa y se fue)

Pedro: ¡No te consiento que hables así! (le dijo fuera de sí)

M: Creo que debería haberme quedado en Madrid, yo no pinto nada en esta fiesta, ya que no pinto nada en esta familia, nada que no sean reproches

Desde abajo oyeron el portazo al entrar a su habitación

 

En aquel enorme salón, ya estaba todo preparado, el nerviosismo se hacía patente en todos, pero sobre todo en Teresa que no paraba ni un segundo quieta, era su equipo de siempre excepto una chica nueva. Una de sus chicas se había puesto enferma y en su lugar mandó a su amiga que estaba necesitada de dinero, y quien le aseguró era una espléndida camarera. No le perdía detalle y ante uno de sus movimientos que no le gustó la llamó

T: ¡Esther García!, venga para aquí

E: ¿Sí? (le preguntó con temor pues su amiga le había asegurado que Teresa era una muy buena jefa pero muy exigente)

T: He visto que has pasado la mano por una de las sillas (la miraba fijamente por encima de sus gafas)

E: No me he dado cuenta

T: Que no se vuelva a repetir

E:De acuerdo (suspiró un tanto nerviosa y al entrar en la cocina trató de tranquilizar sus nervios respirando profundamente) No pasa nada, es un acto más… una cena más… ¡mierda qué nervios!

 

CONTINUARÁ…

Mar232009

POESÍA EFÍMERA

Recorrería a tu lado todas las Estrellas del Firmamento.

Aunque ninguna Estrella Brilla tanto como tu Mirada.

Eres la Poesía de mi Alma.

La que acalla su llanto en silencio.

¿Qué es eso que turba mi Alma?

¿Qué es lo que sacude mi Corazón?

El viento en un susurro me trae la respuesta de tu nombre.

Deseando que llegues a tocar mi Alma.

Y sentir mi Corazón latiendo al unísono con el tuyo.

Porque nunca la Eternidad sería suficiente si la paso a tu lado.

Me consume la Pasión del Amor.

Me atormenta a la vez la Traición del Amor.

Si el mundo de los Sueños es como una realidad alternativa,

ojalá que tú; que eres mi mayor Sueño, fueras mi Realidad.

SiRaQuE (((NiRKa)))