
VALDOSTA
(GEORGIA)
1 DE NOVIEMBRE DE 1924
Era la mañana de la boda de Ruth. Idgie le había pedido el coche a Julián y lo había aparcado frente a la capilla de la Iglesia Baptista Morning Dove a las siete de la mañana. Cuatro horas después, vio a Ruth y a su madre entrar por la puerta lateral de la capilla. Ruth estaba tan bonita como Idgie había imaginado, con su traje de novia. Luego, vio llegar a Frank Bennett y a su hermano. Permaneció sentada allí en el coche, viendo cómo iban llegando los invitados, uno a uno, hasta que la capilla estuvo llena. Cuando el ujier, que llevaba guantes blancos, cerró las puertas, se le cayó el alma a los pies. Oyó el órgano desgranando las notas de la Marcha Nupcial y se sintió muy mal.
Idgie llevaba una botella de un horrible whiskey que había estado bebiendo desde las seis de la mañana; y, justo antes de que la novia dijese «sí quiero», todos los que llenaban la capilla se preguntaron quién debía de ser la persona que daba aquellos bocinazos.
Al cabo de un minuto, Idgie oyó que el órgano empezaba a sonar de nuevo y, de pronto, las puertas de la capilla se abrieron de par en par y Ruth y Frank bajaron por la escalinata, riendo, entre los jubilosos gritos de la gente que les lanzaba arroz Se metieron en seguida en el coche que les aguardaba y se alejaron.
Idgie tocó otra vez la bocina. Ruth volvió la cabeza, justo al doblar la esquina, pero demasiado tarde para ver de quién se trataba.
Idgie volvió entonces a casa con el coche de Julian.
VALDOSTA
(GEORGIA)
28 DE ABRIL DE 1926
Idgie, que tenía entonces diecinueve años, había estado yendo en el coche a Valdosta casi todos los meses durante dos años y medio, sólo para ver a Ruth entrar y salir de la iglesia. Sólo quería asegurarse de que estaba bien. Y Ruth nunca supo de aquellas idas y venidas.
Pero un domingo, inesperadamente, Idgie fue en el coche hasta la casa de Ruth, aparcó en la entrada y llamó con los nudillos. Ni la propia Idgie sabía que iba a presentarse allí.
La madre de Ruth, una mujer de frágil aspecto, salió a abrir sonriente.
—¿Sí?
—¿Está Ruth?
—Está arriba.
—¿Querría usted decirle que está aquí una encantadora de abejas de Alabama?
—¿Quién?
—Dígale que está aquí una amiga de Alabama.
—¿No quiere usted pasar?
—No, de verdad. La espero aquí.
La madre de Ruth se dio la vuelta y llamó a su hija.
—Ruth, aquí hay alguien de no sé qué de las abejas que quiere verte.
—¿Qué?
—Tienes visita en el porche.
Al bajar Ruth, su sorpresa fue enorme. Salió al porche y su amiga Idgie, que trataba de mostrarse desenfadada aunque le sudaban las palmas de las manos y le ardían las orejas, se lo dijo de corrido.
—Mira, no quiero meterme en tu vida. Seguramente eres muy feliz y… pero quería que supieras que no te odio ni te he odiado nunca. Sigo queriendo que vuelvas, y ya no soy una niña; así que no voy a cambiar. Te sigo amando y seguiré queriéndote siempre, sin que me importe lo más mínimo lo que piensen los demás…
Entonces se oyó a Frank desde el dormitorio.
—¿Quién es?
Idgie empezó ya a bajar los escalones del porche.
—Sólo quería que lo supieras… y ya me marcho.
Ruth, que no había acertado a decir una palabra, se la quedó mirando mientras Idgie subía al coche y se alejaba.
Ni un solo día había dejado Ruth de pensar en Idgie.
(Fannie Flagg- Tomates Verdes Fritos)
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