A la hora prevista, los coches ya estaban en la puerta de la mansión dispuestos a llevar a la familia al completo al lugar de reunión. En el primero ya estaba subida Rosario que no podía evitar mostrarse algo nerviosa, después del incidente de la comida, no había podido hablar con Maca. En el segundo coche ya estaban montados Jero y su mujer, que llevaba un vestido estampado en colores vivos y un fular que rodeaba sus hombros, por muy guapa que era, por mucho que lo intentara, no podía hacer sombra a su cuñada
Jero: A ver como nos sorprende mi hermanita
Diana: Yo creo que ha sido un error hacerla venir, seguro que arma algún revuelo
Jero: No entiendo porque mi madre se ha empeñado en que venga y dar la visión de la familia perfecta, cuando todo el mundo sabe que no es verdad, lo único que hace es avergonzarnos
Diana: Sí cariño
Fuera de si, con los nervios a flor de piel se encontraba Rocío llamando a voz en grito a su hermana
Rocío: Nos vamos a llevar una buena reprimenda de papá y esta vez con razón Maca, ¡quieres hacer el favor de bajar ya!
M: Ya voy (se oyó su voz desde lo alto)
Rocío: Ya voy… ya voy… (repitió imitando el tono de su hermana pero con cierto rintintín. Levantó la mirada y cuando la vio bajar de manera descuidada como si no fuera con ella tanta belleza silbó y le dijo) Caray hermanita, ¡qué tiemblen todas las mujeres de la fiesta!, estás impresionante
M: Pelota (le dijo sin más) ¿Nos vamos?
Rocío: Tendrás morro después de todo lo que llevo esperado por ti
M: Vamos a esa maldita fiesta (dijo con voz triunfantemente triste)
Al salir su padre se percató de la belleza que guardaban sus hijas, sin duda, habían salido a su madre pensó. Sin decirles nada entró en el coche y se estiró su traje perfectamente planchado
Rosario: Espero que todo salga bien
Pedro: Yo también (le cogió la mano) Estoy orgulloso de ellos, tenemos tres hijos de los que podemos presumir
Rosario: Al menos en eso si cuentas a Macarena
Pedro: Lo que daría porque volviera a ella la sensatez
Maca iba en el coche pensativa, su hermana estaba contándole sus últimos escarceos con uno de los vendimiadores llegados de Marruecos, ella, lejos de escuchar todo cuanto tantas veces había escuchado ya, se entregó a una sensación extraña que se había adueñado de todo su interior, se miró las manos vacías de joyas, miró las de su hermana con dos buenos pedruscos como ella les decía, miró a su hermana, tan joven y vestida como si fuera una señora de la alta sociedad, se miró ella, vestida como si fuera una joven loca, sin más pretensión de que pasaran las horas lo más rápido posible. Lo único que calmaba sus nervios y su mal humor, era saber que iba a contar con la presencia de su inestimable amiga de la niñez, Ana
Conforme iban bajando de los coches, les esperaba una alfombra roja por donde debían pasar hasta el recinto decorado exquisitamente por la Señora Wilson, que les adentraba a aquel mundo de hipocresía y lisonjero, a un mundo en el que Maca ni tenía ni quería tener cabida. Su mirada recorrió rápidamente el salón, allí todos los grandes amigos de papá, algunos políticos, y de los mejores empresarios del lugar. Notó como algunos giraban su cabeza para observarla, sabía que era la comidilla del lugar pero no le importaba, todo porque era incapaz de pensar que la miraban porque estaba espectacular. Un vestido ceñido a su torso de color negro, un escote que llegaba justamente hasta el estómago, y tanto sus tirantes como el borde del mismo eran de punto de gancho blanco, así como los bordes de la falda amplia y acampanada que le hacía una figura todavía más esbelta. Sus zapatos negros de tacón con una fina correa atada al tobillo, y un collar largo que terminaba justo bajo el vientre. Y su melena, libre al viento con su raya al lado, y dejada caer a ambos lados de la cara como si fueran dos cascadas a ambos lados de la misma. Como a ella le gustaba, el maquillaje era suave y todo hacia que su belleza natural fuera mucho más espectacular
Jero: Te has pasado (le murmuró su hermano acercándose a ella una vez entraron)
M: Jero, vete a la mierda hazme ese favor (entonces vio como Ana la saludaba desde una esquina, se alegró tanto de verla que no dudó en dejar a su hermano con la palabra en la boca y se dirigió hasta su amiga) ¡Ana! (se abrazaron)
Ana: No me achuches mucho que una tiene su reputación
M: No cambias nunca… por eso creo que te aguanto porque eres única
Ana: ¡Toma por eso te aguanto yo a ti!, ¿o qué?
Rosario: Hola Ana (la saludó un tanto perpleja al verla)
M: ¡Ah mamá se me ha olvidado comentarte que he invitado a Ana! (la mirada casi asesina de su madre se clavó en aquella belleza de hija que tenía, pero sin duda para ella tan inconsciente como bella)
Rosario: Bueno… no pasa nada ya veremos donde te ubicamos en la cena. Perdonarme
Ana: Ubicarme… ¡joder! ni que fuera un mueble, pero Maca me dices que venga y a mamá Wilson no le dices nada ¡estás loca!
M: Pues sí, ¿algún problema? (la miró de aquella manera tan intensa con la que sus ojos sabían mirar)
Ana: Nada, no pasa nada (le sonrió)
M: Creía… oye cuanta gente (dijo echando un vistazo al lugar)
Ana: ¡Cuánto pijo!, me da grima (puso gesto de escalofrío)
M: Y a mí (contestó mirando alrededor)
Ambas amigas soltaron una gran carcajada y se perdieron entre la gente a un lugar apartado donde poder hablar tranquilamente como les gustaba hacer
En la cocina del lugar, todo era puro nerviosismo, todo era un ir y venir Esther se defendía de la mejor manera posible, si antes todo eran nervios, desde que Teresa les dio la orden de empezar con su trabajo, la calma se apoderó de ella, algo que fue captado por su jefa que parecía más relajada al ver que se desenvolvía perfectamente
T: ¿Qué tal vas?
E: Bien, gracias (le sonrió una de las veces que entró a por una nueva bandeja)
T: Mucho hipócrita ¿verdad?
E: En mi vida había visto tanto poder junto
T: Sí hija sí, ellos tanto y nosotras tan poco (sonrió dando más tranquilidad a la nueva camarera)
E: Voy allá, me toca el Ala Este ahora (dijo después de mirar su chuleta)
T: De acuerdo, déjame ver… (se asomó por la pequeña ventana que tenía en la puerta de salida para controlar todo cuanto pasaba fuera para que nada pudiera fallar) ¡Bien, ese Ala no tiene demasiado problema!, ¡espera! (le dijo de repente)
E: ¿Qué pasa? (la miró un tanto intranquila por su grito
T: ¡Dios está Maca!, quiero decir la joven Wilson está ahí, bueno… ten cuidado solo eso
E: ¿Quién es? (quiso mirar pero su corta estatura no le daba para llegar a la ventana)
T: Ya la distinguirás… es hermosa mucho aunque te digo una cosa…
En ese momento un camarero reclamó la presencia de Teresa que se tuvo que marchar y dejó con la intriga a Esther sobre que pasa con aquella mujer
En aquella mesa un tanto apartada se habían sentado las dos amigas, Maca sabía que su madre la requeriría en cualquier momento y quería tener controlado al menos su lado de amistad con aquella mujer alta, morena de pelo largo, con rasgos duros en su rostro pero con un corazón tan grande y hermoso, que con la sonrisa borraba todo cuanto pudiera aparecer en ella de dureza. Se conocieron en el colegio y aunque sus padres tenían tanto poder como los Wilson, dejaron a su hija elegir el camino para su vida, aquello siempre hizo que Maca la envidiara sanamente y cuando eran pequeñas, le pedía a Dios que le cambiara a sus padres por aquellos otros que se mostraban menos estrictos con su hija
Ana: Bueno… ¿qué tal en el hospital?, vamos a ponernos un poco serias o mamá Wilson nos echara
M: Sí (sonrió tratando de calmar sus carcajadas) Pues bien gracias a Dios todo bien, es mi vida Ana… de verdad… es un mundo tan apasionante
Ana: Me alegro. ¿Y de ligues? (eso sí, era tan directa que Maca no se acostumbraba a sus preguntas sin respeto)
M: Nada
Ana: ¿Nada? (le preguntó incorporándose sobre los codos en la mesa mientras la miraba incrédula. Maca negó con su cabeza contrayendo sus labios) Eso no puede ser… año y…
M: Un año… dos meses y seis días
Ana: Pobre de la que pilles… la vas a dejar en los huesos
M: ¡Pero qué bruta eres!, no estoy necesitada que lo sepas
Ana: Ya (asintió sonriendo) Eso cuéntaselo a otra pequeña
M: Pues sí, una se acostumbra a todo
Ana: Me apuesto una cena en la casa de la Tía Fernanda (le decía a modo de confesión y reto mirándola con los ojos entrecerrados)
M: ¡Dios la Tía Fernanda! (le cortó murmurando poniendo gesto de éxtasis al recordar aquellas comidas caseras que les hacía) ¿A ver que te apuestas?
E: Perdón… ¿desean una copa?
M: Sí creo que sí (levantó su mirada y se encontró con la sonrisa maravillosa y amable de Esther
Ana: Yo también que hay noticias hija que a una la dejan seca. Gracias
M: Gracias (le inclinó la cabeza graciosamente y Esther le sonrió. Maca la vio perderse entre la multitud de gente con su andar gracioso)
Ana: Hola (le dijo Ana)
M: ¿Qué? (la miró dando un sorbo a su copa)
Ana: Me apuesto lo que quieras a que no te acuestas con ella (le dijo de carrerilla con un gesto repleto de pillería)
M: ¿Estás poniendo en duda mis encantos? (la miró desafiante)
Ana: Parece que te haya gustado
M: ¿Quién, la camarera?
Ana: No, mi abuela ¡no te jode! (Maca rompió en una gran carcajada) Déjalo anda, tú no eres de esa clase de mujeres (la picó
M: ¿Una cena en casa de la Tía Fernanda y un desayuno en los Caminos? (eran los lugares favoritos que les gustaba acudir, en la parte más modesta de Jerez pero donde les encantaba compartir momentos. Maca la miraba fijamente con su ceja derecha enarcada de manera desafiante
Ana: ¿Por acostarte con ella?, no (le hizo un ademán gracioso con su mano) Tú odias eso… dices que es una actitud típica de macho
M: ¿Aceptas?
Ana: Vaya juegas fuerte (sonrió de lado mirándola retadora)
M: Sí
Ana: ¿Te ha gustado?
M: Digamos que es una manera de pasar el tiempo en este horrible lugar… además tienes razón, un año dos meses y seis días son muchos días y muchas noches, ¿no crees?
Ana: ¡Pero con la camarera! (exclamó haciendo un gesto escandaloso)
Rosario: Hija, tienes que acompañarme un momento, voy a presentarte a unos compañeros de tu padre que me preguntan por ti
M: Voy mamá. Pon hora tope
Rosario: ¿De que hablas? (las miraba sin entender nada)
Ana: Como la Cenicienta… las doce de la noche
Rosario: Estáis locas, venga Macarena por favor
M: No me llames Macarena mamá (protestó)
Rosario: Haz el favor
M: Si antes lo he logrado, pagas tú, si no lo logro, pago yo
Ana: Eso está hecho nena. Estaré vigilando para que no me hagas trampas
Rosario: ¡Maca vale ya de juegos! Siempre estáis igual como si fuerais dos niñas malcriadas (salieron pero en lugar de encaminarse hasta el corro donde estaban los hombres fueron directamente a hablar con Teresa) Me pones en unos apuros. ¡De verdad Maca!
M: Vamos mamá…
Rosario: Teresa (la llamó pues la mujer estaba de espaldas a ella al girarse y ver a Maca delante abrió los ojos impactada
T: Hola Señora Wilson, señorita (le inclinó la cabeza un tanto)
M: Hola Teresa (le devolvió la inclinación pero añadiendo una sonrisa juguetona)
T: ¿Ocurre algo? (trató de centrarse en la señora Wilson porque la notaba nerviosa)
Rosario: Pues sí, mira Teresa tenemos un invitado más y no lo sabía (la mujer con discreción miró a Maca que volvió a sonreír)
T: No se preocupe…
Rosario: Se trata de una amiga de mi hija Macarena (Teresa volvió a mirar a la joven seriamente con un tanto de riña en sus ojos saltones)
M: Sí, es una buena amiga y quiero que la ponga a mi lado
T: Como no. ¡Esther! (llamó a la joven que pasaba en ese momento por allí)
Rosario: Vamos hija
M: Espera quiero ver como resuelve el entuerto que te he creado, ¿tú no? (le preguntó a su madre mientras miraba de reojo a Esther)
T:Quiero que en la mesa principal hagas un hueco entre la silla de la Señorita Wilson y su hermana
CONTINUARÁ…


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